domingo, 18 de octubre de 2009

El Baile Membrillazo


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El folclore de Chile, por las características demográficas y culturales de Chile es el resultado del mestizaje producido de elementos españoles con elementos indígenas durante el periodo Colonial. Por razones culturales, históricas se distinguen y clasifican tres grandes zonas en que se divide el país. La mayoría de estas tradiciones de la cultura de Chile tienen una finalidad festiva, pero algunas tienen componentes religiosos, como bailes y ceremonias.

Historia del baile El Membrillazo.
Existe pueblos que desentierra al Ño Carnavalón ese pueblo es Codpa. La ardua tarea toma desde el atardecer a la noche. Ya en el pueblo, a oscuras, es dejado en la puerta de una casa donde viva una joven soltera, quien lo volverá a vestir. Al día siguiente, llega todo el pueblo a reclamarlo al ritmo del bombo.

Su misión es visitar las casas, donde siempre lo espera una silla y una bebida alcohólica. También viaja a otras localidades cercanas, como Cerro Blanco y Guatanave, donde inaugura la celebración abrazando a sus iguales, hechos de madera. Pero más que recorrer, los codpeños ansían la llegada del viernes para bailar “El Membrillazo”, un baile de seducción.

Al centro del pueblo, los hombres más jóvenes hacen una montaña de membrillos. A su alrededor las mujeres esperan que alguno de los varones les entregue un par de esas frutas en sus manos, ofreciéndoles así un baile.

Frente a frente, él pone su rodilla para que su pareja lo golpee con la fruta. Ella, en cambio, sortea con saltitos los membrillos dirigidos a sus piernas.

De fondo, las guitarras y las cajas los azuzan para que más rápidamente la fruta se parta en el suelo y vuele entre las parejas.

Pero, “Ño Carnavalón” interviene en medio de una aromática cortina amarilla de membrillos machacados por los golpes. Se pone entre la pareja para que no se golpeen muy fuerte. Ellos, obedientes, se toman del brazo y concluye el baile.

Un jugo de membrillo con “picardía”, los refresca y les hace olvidar los moretones que, dicen, tardan un año en desaparecer.

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